LA MISMA MUERTE PARA TANTA VIDA
El látigo golpea hasta el delirio la espalda de Jesús. El verdugo es un monstruo con forma de hombre. El brazo es una llaga mucho antes de asestar el azote que retumba en los siglos. En los siglos de los siglos amén.
Vuelve a caer el brazo con la culpa del miedo y yo cierro los ojos. Vuelo. Voy al encuentro de la tierra que gira. Miro al verdugo y más atrás, al hombre que somete al verdugo. El Rey. El poder. El Dios de barro.
Cuando los siglos pasan, no se recuerda al asesino. Se recuerda al muerto. Digamos que se recuerda la vida de ese muerto. Pocos recuerdan al nombre de Rey y mucho menos al nombre del verdugo, pero todos recuerdan a Cristo y a su madre con el manto sagrado. El muerto ha seguido viviendo porque ha sido mayor la vida que su muerte.
La misma muerte para tanta vida.
En Bolivia, mis hermanos de tierra profanada, a muerto el Ché Guevara.
¿Quién recuerda al asesino? Y allí está su corazón de lluvia en el cielo celeste de América Latina. Fue exhibido en una choza gris de una selva en donde gime el puma. Florecen las papayas. Los loros se desbandan y en las orfebrerías de plata repujada el artesano pule su nombre entre los dientes.
El Ché se come el viento que cruza por los Andes y recuesta su brazo por todo el continente. El Ché es una bandera que cuelga de la historia y es un rostro que quema como un carbón ardido.
La misma muerte para tanta vida. La misma saña. El mismo miedo. El poder que se agita como un perro con asma.
Una bala en el pecho de Mahatma Ghandi ha golpeado su cuerpo de ángeles y pájaros. A su túnica blanca le han salido luciérnagas, siemprevivas, zapallos, bramidos y sollozos que Inglaterra sofoca. Pero ¿Quién recuerda a su asesino? El asesino ha sido apenas un disparo que no pudo matar la eternidad.
La misma muerte para tanta vida.
El látigo de nuevo en la espalda de Cristo.
- La película es hermosa- dijo la monja al salir del cine-
¿Pero hacía falta mostrar tanta sangre..?-Preguntó el periodista -
- Sí. Dijo la monja, frente a la cámara de televisión- Para que así sepamos cuanto dolor debió haber padecido Jesús.
Muchos, como la monja, dijeron lo mismo, mientras se limpiaban las ropas salpicadas con sangre de un Jesús de celuloide, hecho a imágen y semejanza del Imperio. Lo hartero. Lo cruel. Lo revulsivo.
Yo , me pregunto entonces:
No son acaso latigazos, más fuertes que los dados al cuerpo de Jesús, el hambre, la mentira, la traición, el honrarlo sin mirar la tierra.
No son acaso latigazos al cuerpo de Jesús los niños desnutridos de Bombay, Paquistán, La Rioja, Villa Páez
No son acaso latigazos al cuerpo de Jesús Las bombas asesinas que caen en Palestina, o Irak, o Ghaza o Madrid
No son acaso latigazos al cuerpo de Jesús el bloqueo a Cuba, los niños explotados en Corea, las niñas prostitutas en Brasil,
No son acaso latigazos al cuerpo de Jesús los jóvenes que emigran del país, los niños drogadictos a fana y estropicio, las fábricas cerradas, los basurales en donde las ratas le disputan la comida al pordiosero
No fueron latigazos al cuerpo de Jesús, los millones de judíos muertos por los nazis en los campos de concentración?
No fueron acaso latigazos al cuerpo de Jesús los millones de hombres y mujeres muertos durante la Conquista de América
No fueron acaso latigazos al cuerpo de Jesús los torturados y muertos y desaparecidos por pensar distinto O es necesario recordar hasta el hartazgo como les arrancaban las uñas a las detenidas, o las violaban de uno en fondo mientras reían y llenaban de esperma sus bocas y sus pechos.
Es necesario recordar que le metían clavos en la vagina o picanas en los testículos a los hombres y a los estudiantes sometían hasta hacerles arrodillar la dignidad? Todo esto en nombre de la Patria, de Dios, De nuestro Ser Nacional?
La misma muete para tanta vida.
-Pido perdón en nombre de mi generación- Dijo el Presidente, mientras se descolgaba de la pared a los retratos de los genocidas Videla, Bignone.
Fue un gesto de honda dignidad.
-EL Presidente no tiene memoria, salieron a decir las huestes de la noche.
Hay discriminación por parte de los Organismos de Derechos Humanos, dijo La Sota saliéndose del mazo y mirando a las Madres de reojo.
Hay dos demonios entre las cartas. Las madres no cuidaron a sus hijos, salió a decir a voz en cuello.
- Con ese criterio ¿Tampoco Jesús fue cuidado por su madre?¿Por qué lo mataron, entonces?¿Lo mataron por descuido o por comprometerse con el otro? ¿De la Sota coincide con Herodes? ¿Hubiera dicho que la Virgen María no cuidó a su hijo?
- Caifaz como Menendez fueron el brazo del miedo. La chatarra
- La misma muerte para tanta vida.
Cada uno de nosotros es un espejo vivo de la humanidad. Resplandece. Se opaca. Sale a beber los ríos. Sale a besar el rastro de la fiebre en la penumbra. Sale a dar el corazón a cuatro vientos como si llevara agua bendita en la mirada.
Cada uno de nosotros es un Cristo pequeño y nuestro semejante es un Cristo mejor, sólo hará falta que miremos sin rencor, que arrojemos la soberbia al monte del olvido, que cuando besemos a los hijos besemos a todos los niños de la tierra, que permitamos que en nuestro corazón entre la vida a puro torbellino.
O en todo caso será mucho mejor decir en estas Pascuas
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”
Texto: La Palabra y Los Días, de Hugo Francisco Rivella para Los Ocultados
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